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Ormuz, un estrecho de agua en el Medio Oriente que expone el mito de la soberanía alimentaria en México

  • hace 2 días
  • 5 Min. de lectura

Redactado por César Salvador Cardona Félix


Imagina que el oxígeno del mundo tuviera que pasar por una manguera de apenas 34 kilómetros de ancho. Eso, en términos energéticos, es el estrecho de Ormuz. Y desde finales de febrero de 2026, esa manguera está prácticamente cerrada.

 

Lo que comenzó como un conflicto armado en el Medio Oriente —con ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, seguidos de represalias iraníes— desencadenó una de las crisis energéticas más graves que el mundo ha vivido en décadas. No obstante, en esta nota nos enfocaremos en algo que casi nunca aparece en los titulares: el impacto del bloqueo de Ormuz sobre la ciencia mexicana y, en particular, sobre la biotecnología.

 

El estrecho que pocos conocen pero todos necesitan

El estrecho de Ormuz es una franja de mar situada entre Irán y Omán. Su punto más angosto mide 34 kilómetros, poco más que la distancia del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México al centro histórico. Y, sin embargo, por ahí circulaba, antes de la crisis, cerca de una quinta parte de todo el petróleo que se mueve en el planeta. También pasaba por ahí buena parte del gas natural licuado del mundo y casi un tercio de los fertilizantes que alimentan los campos agrícolas de Asia, Europa y América.

 

Cuando Irán bloqueó ese paso, más de 150 buques quedaron anclados a la espera. El tráfico de petroleros cayó drásticamente en cuestión de días. Especialistas en energía han comparado esta crisis con la del petróleo de los años 70, aquella que cambió al mundo y que todavía hoy sirve como referencia de lo que puede ocurrir cuando el suministro energético global se interrumpe de golpe. En ese periodo, el aumento abrupto en los precios del petróleo encareció el transporte, la producción industrial y numerosos bienes de consumo, detonando altos niveles de inflación y obligando a muchos países a replantear sus políticas energéticas. Para millones de personas, la crisis no fue una noticia lejana: se expresó en gasolina más cara, productos más costosos y una sensación generalizada de incertidumbre económica. La diferencia es que ahora el mundo está aún más interconectado, y los efectos llegan más rápido y a más lugares: al precio de la gasolina, al recibo de luz, al kilo de tortillas.


México: productor de petróleo, importador de ciencia

México vive esta crisis con una paradoja. Por un lado, como país productor de petróleo, el alza en los precios internacionales le genera ingresos adicionales. Hasta ahí, la buena noticia. Pero hay otra cara. México es un país que históricamente ha invertido muy poco en ciencia y tecnología. Mientras que naciones como Corea del Sur destinan a investigación científica más de cuatro veces lo que recomienda la UNESCO, México apenas alcanza una fracción de esa recomendación. En términos simples: la ciencia mexicana opera con recursos escasos, y cuando algo sacude al mundo, ese sistema frágil lo resiente más que otros.

 

¿Y la biotecnología específicamente? Es uno de los campos más prometedores y también uno de los más dependientes de insumos que vienen de fuera: reactivos, equipos de laboratorio, materiales especializados. Muchos de esos insumos provienen de cadenas de suministro globales que, como todo lo demás, se han visto alteradas por el cierre de Ormuz.

 

El fertilizante, el maíz y la bacteria que podría salvarlos

Aquí viene la conexión más sorprendente entre un estrecho de agua en el Medio Oriente y los laboratorios de biotecnología en México.

 

El Golfo Pérsico (la región que rodea al estrecho de Ormuz) es uno de los mayores productores de fertilizantes del planeta. En particular, produce una parte enorme de la urea, el fertilizante más utilizado en la agricultura mundial. La urea es, básicamente, la comida de los cultivos: sin ella, el maíz, el sorgo, las berries y las hortalizas crecen mucho más lento y producen mucho menos biomasa.

 

Con el bloqueo de Ormuz, esos fertilizantes dejaron de llegar con normalidad. Y México, que importa más del 70% de los fertilizantes que usa, quedó expuesto. Esa dependencia pone en evidencia una fragilidad profunda: México está lejos de alcanzar la soberanía alimentaria, ese principio que plantea que un país debe tener control real sobre lo que produce y lo que consume para alimentar a su población. El resultado fue visible y rápido: los precios de los insumos agrícolas se dispararon, y los agricultores de Chihuahua, Jalisco, Guanajuato y Tamaulipas comenzaron a recortar las cantidades de fertilizante que aplican a sus cultivos, arriesgando las cosechas. El tomate verde llegó a casi duplicar su precio. La tortilla va por las mismas.

 

Aquí es exactamente donde la biotecnología debería entrar al rescate. Porque una de las grandes promesas de esta ciencia para el campo mexicano son los biofertilizantes: preparados elaborados a partir de microorganismos, que viven en el suelo y tienen la capacidad de "fabricar" nutrientes para las plantas, sin necesidad de química importada.

 

Hay bacterias que capturan el nitrógeno del aire y lo convierten en una forma que las plantas pueden absorber directamente. Es como tener una pequeña fábrica de fertilizante viviendo en las raíces del cultivo. Hay hongos llamados micorrizas, que se asocian con las raíces y les ayudan a extraer nutrientes del suelo con mucha mayor eficiencia. También existen bioplaguicidas: microorganismos que protegen a los cultivos de enfermedades sin necesidad de agroquímicos.

 

La crisis como oportunidad, si se sabe aprovechar

En varios estados del país, ante el encarecimiento de fertilizantes, algunos gobiernos locales han comenzado a promover con más fuerza el uso de compostas, bioles y abonos orgánicos entre los agricultores. Es un primer paso, modesto pero real, hacia una agricultura menos dependiente de insumos importados.

 

México tiene talento científico, biodiversidad extraordinaria y una tradición agrícola milenaria. Hay empresas mexicanas que ya producen medicamentos biotecnológicos de clase mundial y los exportan a más de diez países. México tiene la capacidad instalada para apostar por la biotecnología como una herramienta de soberanía alimentaria y, de esta forma, asegurar que el país produzca sus propios nutrientes para el suelo, proteja sus cultivos con microorganismos nativos y deje de depender de insumos que recorren medio mundo antes de llegar a una milpa en Jalisco o Tamaulipas.

 

Pero llevar esas intenciones al campo; literalmente al campo, donde los agricultores necesitan alternativas al fertilizante importado ahora mismo, requiere algo que ha faltado históricamente: inversión sostenida, apoyo institucional y la convicción de que la ciencia no es un lujo, sino la infraestructura invisible que sostiene a un país cuando el mundo se sacude.

 

Lo que Ormuz nos está enseñando

La crisis del estrecho de Ormuz es, entre muchas cosas, un recordatorio incómodo. El mundo está más interconectado de lo que queremos creer, y esa interconexión tiene un talón de Aquiles: los países que no producen su propio conocimiento quedan atrapados dependiendo del conocimiento de otros.

 

Un estrecho de 34 kilómetros lleva meses enseñándole al mundo una lección que la biotecnología mexicana lleva años intentando transmitir: la soberanía del siglo XXI no se mide en barriles, sino en conocimiento. Y construir ese conocimiento, con paciencia y recursos, es quizás la mejor inversión que México puede hacer hoy, mientras el mundo espera que ese pasillo de agua vuelva a abrirse.

 

Referencias

1. Infobae. (2026, 28 de marzo). El cierre del estrecho de Ormuz y su impacto en la economía global: del aumento del precio del petróleo a la inseguridad alimentaria. Infobae. https://www.infobae.com/def/2026/03/28/el-cierre-del-estrecho-de-ormuz-y-su-impacto-en-la-economia-global

2. La Jornada. (2026, 1 de abril). Fertilizantes suben más de 50%; rentabilidad del agro, en riesgo. La Jornada. https://www.jornada.com.mx/2026/04/01/economia/014n1eco

3. Le Grand Continent. (2026, 5 de mayo). Desde el cierre del estrecho de Ormuz, 74 países han tomado medidas para mitigar la crisis energética. Le Grand Continent. https://legrandcontinent.eu/es/2026/05/05/desde-el-cierre-del-estrecho-de-ormuz-74-paises

4. Mundo Agropecuario. (2026, 3 de abril). México entre la presión climática, el aumento de costos y la fragilidad estructural del campo. Mundo Agropecuario. https://mundoagropecuario.com/mexico-entre-la-presion-climatica-el-aumento-de-costos-y-la-fragilidad-estructural-del-campo/

5. Vanguardia. (2026, 15 de abril). Sube 82% precio de fertilizantes en México por cierre en estrecho de Ormuz. Vanguardia. https://vanguardia.com.mx/noticias/mexico/sube-82-precio-de-fertilizantes-en-mexico


 
 
 

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