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Virus oncolíticos: de criminales a aliados moleculares

  • 25 jun
  • 3 min de lectura

3 min de lectura

 

Lesly Esmeralda Cárdenas López, Flor Citlally Alcántar Aguirre y Katia Aviña Padilla


¿Sabías que no todos los virus son necesariamente dañinos?


Aunque muchas veces los relacionamos con enfermedades e infecciones, algunos pueden convertirse en herramientas muy valiosas para la medicina. De hecho, ciertos virus se estudian porque pueden contribuir a destruir células tumorales y estimular respuestas inmunes contra el cáncer. Durante mucho tiempo, los virus han sido vistos como criminales microscópicos. Esto se debe a que tienen una habilidad muy especial: pueden entrar a las células, usar su maquinaria interna y producir más copias de sí mismos. En muchas enfermedades, esta capacidad causa daño. Sin embargo, la ciencia encontró una forma de aprovechar esa misma habilidad para atacar células cancerosas.


Así surgen los virus oncolíticos.


La palabra “oncolítico” tiene raíces de origen griego y puede dividirse en dos partes: “onco”, del griego ónkos, que significa masa o tumor, y “lítico”, [11] relacionado con lisis, del griego lýsis, que significa disolución, ruptura o destrucción. Por eso, un virus oncolítico es capaz de infectar y destruir células tumorales (causantes del cáncer) de manera preferencial. Podemos imaginarlos como antiguos enemigos que fueron seleccionados, modificados o entrenados para trabajar del lado correcto. En lugar de atacar sin control, ahora tienen una misión más específica: entrar en células cancerosas y ayudar a eliminarlas.


Las células tumorales son diferentes a muchas células normales. Crecen de forma desordenada, consumen mucha energía y, en algunos casos, tienen fallas en sus defensas internas contra infecciones virales. Además, ciertos tumores presentan condiciones que pueden facilitar la entrada o multiplicación de algunos virus. Estas diferencias permiten que los virus oncolíticos se repliquen mejor en células cancerosas que en células sanas. Una vez dentro de la célula tumoral, el virus usa la maquinaria de esa célula para producir nuevas partículas virales. Poco a poco, la célula pierde el equilibrio, se llena de nuevos virus y finalmente se rompe. A este proceso se le llama lisis. Cuando ocurre la lisis, la célula cancerosa muere y libera nuevos virus que pueden infectar otras células tumorales cercanas. Es como una misión en cadena: el virus entra, se multiplica, rompe la célula tumoral y continúa el ataque dentro del tumor.


Pero los virus oncolíticos no solo actúan destruyendo células cancerosas directamente. También pueden ayudar a activar al sistema inmunológico, que es el sistema encargado de la defensa del cuerpo. Cuando una célula tumoral se rompe, libera fragmentos del tumor y señales de alarma. Estas señales funcionan como pistas en una escena del crimen. Algunas células del sistema inmune, llamadas células dendríticas, actúan como los peritos o detectives: pueden recoger esas pistas, analizarlas y presentarlas a otras células de defensa. Entre esas células se encuentran las células T, que pueden actuar como fuerzas especiales del organismo. Si reconocen correctamente al enemigo, pueden atacar células tumorales y fortalecer la respuesta contra el cáncer. Por esta razón, los virus oncolíticos también se consideran una forma de inmunoterapia, ya que pueden ayudar al cuerpo a reconocer mejor al tumor. Un ejemplo importante es T-VEC, un virus modificado a partir del virus del herpes simple. Este virus fue diseñado para replicarse preferentemente en células tumorales y estimular la respuesta inmune. Su aprobación para tratar ciertos casos de melanoma marcó un paso relevante en el desarrollo de las terapias con virus oncolíticos.


Sin embargo, es importante aclarar que los virus oncolíticos no son una cura mágica. Aunque pueden estimular al sistema inmunológico para reconocer y destruir células cancerosas, esta activación también puede generar efectos adversos. Entre los riesgos potenciales se encuentran el síndrome de liberación de citocinas (conocido como “tormenta de citocinas”), una inflamación sistémica intensa, la posible pérdida de tolerancia inmunológica y, en casos poco frecuentes, el desarrollo de enfermedades autoinmunes. Además, el cáncer es una enfermedad extremadamente compleja y heterogénea, por lo que no todos los tumores responden de la misma manera a este tipo de tratamiento. Por esta razón, actualmente se investigan distintos virus oncolíticos y su uso en combinación con otras estrategias terapéuticas, como la inmunoterapia, la quimioterapia y la radioterapia, con el objetivo de aumentar su eficacia y seguridad.


Así, los virus pasan de ser criminales celulares a convertirse en aliados moleculares.


Porque, en ciencia, incluso los antiguos enemigos pueden cambiar de bando.

Y a veces, para enfrentar una enfermedad tan compleja como el cáncer, la ciencia no solo busca destruir al enemigo… sino redirigir sus propias herramientas contra él.


Referencias


Cancer Research Institute. (n.d.). Oncolytic virus therapy: How oncolytic virus therapy is changing cancer treatment. Retrieved June 12, 2026, from https://www.cancerresearch.org/immunotherapy-by-treatment-types/oncolytic-virus-therapy

Cao, G., Ding, C., Dai, J., & Qiu, X. (2025). Oncolytic virus and immunogenic cell death in cancer therapy. Tumour Virus Research, 20, 200333. https://doi.org/10.1016/j.tvr.2025.200333

Xiao, D., Zhang, H., Liu, Y., Li, Y., Li, G., & Ning, Y. (2026). Oncolytic viruses: Advanced strategies in cancer therapy. Signal Transduction and Targeted Therapy, 11, 45. https://doi.org/10.1038/s41392-025-02343-3

 [11]Colocar el origen de la etimología (si es latina o griega).


 
 
 

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