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Pensar el 8M en contextos geopolíticos

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Pensar el 8M en contextos geopolíticos

Figura. Imagen tomada de La Nación (2026)
Figura. Imagen tomada de La Nación (2026)

Un par de semanas antes de que fuera asesinado el líder iraní Alí Jameneí, circularon en redes sociales videos vinculados a movilizaciones feministas en el país. Entre ellos, destacó el de una mujer encendiendo un cigarro, con una fotografía en llamas del ayatolá. Aunque se desconocía el origen del video, la escena generó impacto al reunir varias transgresiones de manera simultánea: el desafío público a la máxima autoridad del país, la ausencia del hijab, y el hecho de fumar en público. Rápidamente, la escena fue interpretada por cierto sector internacional como símbolo de resistencia frente a los códigos impuestos a las mujeres en Irán.


 Poco tiempo después, Jameneí fue asesinado junto con aproximadamente otros siete líderes en una operación militar atribuida a Estados Unidos e Israel. Y casi al mismo tiempo, se presentaron reportes sobre el impacto de un misil israelí contra una escuela primaria femenil en la ciudad de Minab, que, según distintas versiones difundidas en medios, causó alrededor de ciento cincuenta muertes.

Si observamos la proximidad entre la viralización de estas imágenes y los acontecimientos geopolíticos circundantes, podemos notar cómo actos que nos llevarían a interpretarlos rápidamente como gestos de liberación femenina, además, se inscriben dentro de narrativas más amplias en disputa.  Por un lado, se maneja una lectura sobre la movilización interna frente a un régimen patriarcal tradicionalista, que es reforzada mediáticamente por ciertos líderes políticos, tal como la declaración que dio recientemente el exmandatario italiano, Matteo Renzi: “Critico a la Casa Blanca, pero la critico cuando deja a las mujeres de Kabul en manos de los talibanes. Creo que es de izquierdas decir que las mujeres iraníes tienen derecho a volver a usar minifalda. Considero inaceptable que en nombre del odio a Trump ignoremos a las mujeres de Kabul o Teherán.” (Domínguez, 2026).


Mientras, a escala global, países como EE. UU., bajo una lógica cercana a la del Big Stick, emprenden acciones letales e intervenciones justificadas en nombre de la estabilidad, contra países como Irán, por el control de recursos estratégicos: petróleo, gas, minerales y corredores marítimos (como el estrecho de Ormuz), claves para la seguridad y el comercio regional.

Hoy, 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, recordamos que, si muchas violencias contras las mujeres pueden nombrarse y denunciarse públicamente, es resultado de múltiples procesos: el impulso de movimientos feministas, de las experiencias compartidas entre mujeres —amigas, conocidas, mujeres anónimas, y otras personas — con las que es posible construir una existencia más habitable, así como de su progresivo reconocimiento en el ámbito jurídico e institucional.


Sin embargo, vale la pena recordar que incluso la manera de nombrar y discutir estas violencias son objeto de debate. En un contexto internacional marcado por tensiones territoriales, guerras de información, imágenes generadas y amplificadas por algoritmos e inteligencia artificial, se requiere un esfuerzo adicional para no borrar la experiencia, la cultura y la historia. Distinguir qué parte corresponde a la resistencia y cuál se gesta desde los gobiernos, los medios o las agendas internacionales.


Hablar de violencia contra las mujeres sigue siendo urgente, pero también es fundamental no perder de vista la complejidad de los contextos en los que estas luchas están teniendo lugar. En un país como Irán, teocrático, con una mayoría musulmana chiita y atravesado por ciertas gramáticas políticas del martirio, cabe preguntarse hasta qué punto seguimos importando narrativas que simplifican sus experiencias, en un esquema binario opresión vs. emancipación.


Ignorar esa diversidad interna de una categoría de por sí problemática como la de “mujer”, especialmente cuando sus vivencias nos resultan radicalmente distintas, puede llevarnos, a repetir miradas civilizatorias y seguir colocando a Occidente como la única idea de libertad. Por ello, en una fecha como el 8 de marzo, además de visibilizar las violencias que enfrentamos las mujeres, también resulta necesario sostener espacios de discusión autónomos y críticos que nos permitan analizar estas luchas atendiendo a sus contextos particulares —como ocurre con las experiencias de las mujeres sudanesas o palestinas— y seguir reflexionando sobre lo que significa la libertad de las mujeres.


Referencia

Domínguez, Í. (2026, marzo 7). Matteo Renzi: “La antipatía hacia Trump no me impide querer liberar a las mujeres iraníes”. El País. https://elpais.com/internacional/2026-03-07/matteo-renzi-la-antipatia-hacia-trump-no-me-impide-querer-liberar-a-las-mujeres-iranies.html

La Nación. (2026, 10 de enero). “Prender cigarrillos con fotos del ayatollah, la protesta que se volvió símbolo de las mujeres iraníes”. Yahoo Noticias.


 
 
 

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