Ácidos biliares: facilitadores de la digestión, mensajeros hormonales y posibles indicadores de cáncer de colon
Marti Cadena Sandoval
Existe la creencia de que, si te enojas demasiado, puedes “sacar bilis” por la boca. Aunque el enojo no provoca que esto ocurra, la expresión tiene algo de realidad; si estás enfermo o tienes algún síntoma como vómito, el contenido expulsado puede incluir bilis, un líquido producido por el hígado que participa en la digestión. Entre sus componentes se encuentran los ácidos biliares, moléculas cuyas funciones van mucho más allá de ayudarnos a digerir las grasas. Históricamente, el estudio de los ácidos biliares se remonta a principios de la década de 1920 con Heinrich Wieland, quien esclareció su composición y contribuyó a comprender su papel en nuestro cuerpo [1]. Por ello, en 1927 obtuvo el premio Nobel de Química. ¡Ya casi son 100 años de su premio e investigaciones!
Aquí te contamos qué son los ácidos biliares y por qué son tan importantes.
¿Qué son y en dónde se producen los ácidos biliares?
El hígado es la principal fábrica de ácidos biliares de nuestro cuerpo, porque ahí se encuentra su molécula precursora: el colesterol. Su producción comienza en los hepatocitos, células especializadas que transforman el colesterol mediante una serie de reacciones químicas [2]. Como resultado se originan distintos tipos de estas moléculas. En los seres humanos, las principales son el ácido cólico y el ácido quenodesoxicólico, conocidos como ácidos biliares primarios. Curiosamente, su composición varía entre especies: en otros mamíferos, como los ratones, uno de los principales es el ácido muricólico.
Una característica importante de los ácidos biliares es que son anfipáticos, lo que significa que tiene dos partes con propiedades opuestas: una que atrae el agua (hidrofílica) y otra que la repele (hidrofóbica). Esta doble naturaleza les permite actuar como un "jabón" en el cuerpo, dividiendo las gotas grandes de grasa en otras más pequeñas y facilitando así su digestión (Figura 1).

Figura 1. Los ácidos biliares son “anfipáticos”, pues tienen un lado hidrofóbico y otro hidrofílico, lo que ayuda a romper las gotas de grasa en la digestión. [Adaptado de Durník, R., et al. 2022]
¿A dónde van los ácidos biliares en el cuerpo?
Una vez producidos en los hepatocitos, los ácidos biliares primarios se unen a moléculas como la glicina o la taurina, lo que facilita su solubilidad. Posteriormente, pasan por los conductos biliares y alcanzan la vesícula biliar, donde son almacenados y concentrados. Cuando comemos, la vesícula libera su contenido hacia el intestino delgado, donde estas moléculas podrán participar en la digestión de grasas.
Una vez en el intestino delgado no solo facilitan la digestión de las grasas, también comienzan a experimentar transformaciones mediadas por nuestra microbiota intestinal. Estas bacterias convierten los ácidos biliares primarios en secundarios mediante enzimas que modifican su estructura química. Este proceso genera una gran diversidad de ácidos biliares secundarios, cada uno con propiedades que pueden influir en el funcionamiento del intestino y en la comunicación entre la microbiota y nuestro organismo.
Pero estas moléculas no se eliminan del cuerpo después de cumplir su función, sino que se recuperan y reutilizan. En condiciones saludables, nuestro organismo reabsorbe alrededor del 95%, tanto primarios como secundarios. Este proceso ocurre principalmente en el intestino delgado, aunque también puede tener lugar en el intestino grueso. Una vez reabsorbidos, los ácidos biliares atraviesan las células intestinales y pasan a la circulación sanguínea, que los transporta de regreso al hígado. Este mecanismo es conocido como circulación enterohepática (Figura 2).

Figura 2. Esquema que muestra el ciclo de los ácidos biliares en el cuerpo humano; aunque son excretados, la mayoría se reabsorbe y entra a la circulación sanguínea.
Es importante mencionar que los ácidos biliares presentes en la sangre también pueden alcanzar otros órganos, además del hígado. Gracias a esto hoy sabemos que cumplen funciones similares a las de las hormonas, pues al llegar a tejidos como el cerebro, los músculos o el páncreas, pueden actuar como señales químicas que regulan diversas funciones de estos órganos [3].
¿Cómo ejercen otras funciones los ácidos biliares?
Nuestras células son una gran máquina y tienen un arsenal inmenso para responder a muchos estímulos, es así como responden a los ácidos biliares. Al llegar a ciertos tejidos, los ácidos biliares se unen a receptores especializados de las células, llamados FXR y TGR5, que funcionan como sensores capaces de reconocerlos, unirse a ellos y activar señales dentro de las células.
En 1999, el receptor FXR fue el primero en ser reportado que se unía y respondía a ácidos biliares del cuerpo. Curiosamente, este descubrimiento científico fue hecho por tres laboratorios independientes en el mismo año [3]. FXR actúa como un interruptor que modifica la actividad de ciertos genes y ayuda a regular la producción y el transporte de los ácidos biliares.
Por su parte, el receptor TGR5 fue descrito en 2002 como el primer receptor ubicado en la membrana celular específico para los ácidos biliares. TGR5 activa señales que pueden modificar el funcionamiento de las células. Por ejemplo, favorece la liberación de hormonas intestinales que participan en la regulación de la glucosa y regula las concentraciones de calcio dentro de las células. En otras palabras, los ácidos biliares funcionan como mensajes químicos que permiten la comunicación entre distintos órganos y ayudan a regular sus funciones (Figura 3).

Figura 3. Ejemplos de funciones hormonales de los ácidos biliares en distintos órganos, su mal funcionamiento hormonal puede desencadenar enfermedades o ayudarnos a monitorear las alteraciones fisiológicas.
Las alteraciones de los ácidos biliares en distintas enfermedades
Aunque inicialmente los ácidos biliares fueron estudiados principalmente por su función en el metabolismo de lípidos, hoy sabemos que sus funciones son mucho más amplias. En los últimos años, se ha estudiado cómo alteraciones en su metabolismo y señalización se relacionan con enfermedades como diabetes mellitus y algunos tipos de cáncer, entre ellos el cáncer de colon.
Los ácidos biliares y la diabetes tipo 2
Una de las enfermedades metabólicas que más afecta a la población actualmente es la diabetes tipo 2. Esta enfermedad se caracteriza por niveles elevados de glucosa en la sangre y por una respuesta inadecuada de los tejidos a la insulina. En este contexto, se ha reportado que los ácidos biliares participan en la regulación del metabolismo de la glucosa [4]. Por ejemplo, a través del receptor TGR5, los ácidos biliares pueden influir en señales relacionadas con el apetito y el gasto energético. Además, se ha investigado cómo la señalización mediada por TGR5 protege frente al desarrollo de alteraciones como la obesidad.
Los ácidos biliares y el cáncer de colon
Los ácidos biliares primarios y secundarios ayudan a mantener el equilibrio y el buen funcionamiento de nuestro intestino delgado y grueso, ya que controlan la respuesta inmune, la microbiota y el movimiento intestinal.
Sin embargo, cuando el metabolismo de los ácidos biliares se desequilibra (por ejemplo, debido a alteraciones en la flora intestinal), ciertos ácidos biliares secundarios pueden desencadenar inflamación crónica, causar daño en el ADN y esto puede favorecer el crecimiento de tumores en el colon [5]. Por el contrario, los investigadores han visto que hay ciertos ácidos biliares que funcionan como protectores (por ejemplo, el ácido biliar primario allo-cólico), que inhiben el desarrollo tumoral, pero sus niveles van bajando progresivamente a medida que el tejido normal se transforma en pólipos precancerosos (protuberancias o crecimientos anormales del intestino) y, posteriormente, avanzan a cáncer de colon.
En medicina el estudio de ácidos biliares parece que toma más importancia. Primero porque si sabemos los tipos de ácidos biliares y las concentraciones circulantes en muestras de sangre, habría varias ventajas, como ayudar a la detección temprana no invasiva e identificar si existe cáncer de colon en fase inicial y los pólipos precancerosos. Segundo, en los pacientes que ya han sido tratados con quimioterapia o radioterapia contra cáncer de colon, ayudaría a pronosticar si hubiera recaídas [6].
Entonces, los ácidos biliares son más que “ayudantes” en nuestro cuerpo para la digestión de grasas. Ahora sabemos que tienen funciones hormonales, al viajar por el torrente sanguíneo y alcanzar otros órganos para regular su función. Por ello, sus niveles y metabolismo en el cuerpo deben estar en constante regulación. Si existen cambios aparentes, estos pueden dictar el desarrollo de diferentes enfermedades y podría ayudar en el área médica como marcadores predictivos o como indicadores para decidir un tratamiento individual adecuado.
Referencias
[1] El Premio Nobel de Química de 1927. NobelPrize.org. Difusión del Premio Nobel 2026. Sábado, 3 de octubre de 2026. <https://www.nobelprize.org/prizes/chemistry/1927/summary/>
[2] Piñol Jiménez FN, Capó de Paz V, Otoya-Moreno G, Bautista Martínez S. Ácidos biliares: moléculas de señalización. Rev Cubana Inv Bioméd [Internet]. 23 de noviembre de 2024 [citado 3 de octubre de 2026];43. Disponible en: https://revibiomedica.sld.cu/index.php/ibi/article/view/2532
[3] Chiang JYL, Ferrell JM. Discovery of farnesoid X receptor and its role in bile acid metabolism. Mol Cell Endocrinol. 2022 May 15;548:111618. doi: 10.1016/j.mce.2022.111618.
[4] Cadena Sandoval M, Haeusler RA. Bile acid metabolism in type 2 diabetes mellitus. Nature Reviews Endocrinology. 2025 Apr;21(4):203-213. doi: 10.1038/s41574-024-01067-8.
[5] Raeisi H, Khodashahi R, Niasar MS, et al. Integrative multi-omics analysis of bile acid metabolism as a prognostic determinant in colorectal cancer. Scientific Reports. 2026. doi: 10.1038/s41598-026-62474-7
[6] Sun Y, Zhang X, et al. Integrative plasma and fecal metabolomics identify functional metabolites in adenoma-colorectal cancer progression and as early diagnostic biomarkers. Cancer Cell. 2024 Aug 12;42(8):1386-1400.e8. doi: 10.1016/j.ccell.2024.07.005.
Imágenes generadas con FigureLabs y ChatGPT.
Este artículo de divulgación científica se realizó con el apoyo del programa Estancias Posdoctorales por México 2025 (CVU 621289) de la Secretaría de Ciencias, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI).





Comentarios